Qué proyectos entran, cómo se presentan plantas, secciones y maquetas, y cómo declarar tu papel real en cada equipo. Primero la guía; al final, si prefieres no montarlo tú, te lo hacemos nosotros.
Entre cinco y ocho proyectos, cada uno con la idea explicada en una frase, una planta y una sección legibles, una imagen que sostenga el proyecto —render, fotografía de obra o de maqueta— y los datos duros: emplazamiento, año, superficie aproximada y tu papel en el equipo. Ese último dato es el que más se echa en falta y el que más confianza da.
Y una advertencia sobre el formato: el PDF de cien páginas sigue siendo el estándar para enviarlo cuando lo piden, pero pesa demasiado para compartirlo en frío. Una web propia con el mismo material se abre en un enlace, se ve desde el móvil y aparece cuando alguien busca tu nombre. Lo razonable es tener las dos, con la web como versión principal.
Quien revisa portfolios en un estudio suele mirar veinte seguidos. Estas son las seis cosas que decide en los primeros minutos.
Un render espectacular sin una idea detrás se descarta rápido. Una frase que explique la decisión de proyecto sostiene todo lo demás.
Planta y sección con grosores, escala y norte. Un plano exportado en gris claro y a media resolución no se puede evaluar.
Dónde está, con qué se relaciona y de qué tamaño es. Sin eso, un proyecto flota y no se puede juzgar la decisión.
Si fue de estudio, di qué hiciste tú: concurso, desarrollo, detalles, maquetas, dirección de obra. La ambigüedad se nota y resta.
Un proyecto en dos páginas bien elegidas dice más que en doce. Saber qué quitar es una habilidad profesional, no un atajo.
Archivos de 80 MB, enlaces caducados y carpetas compartidas que piden permiso. Media selección se pierde ahí antes de verse.
No hace falta todo en todos los proyectos. Elige por cada uno lo que mejor explique la decisión, y sé constante en el orden.
Si tienes obra construida, va delante. Si no, el proyecto donde mejor se vea tu criterio, no el más grande.
No los mezcles sin avisar. Dos bloques claros evitan que alguien tome un ejercicio de escuela por un encargo.
Cada proyecto con su dirección propia, para poder enviar solo el que interesa a cada convocatoria.
Idea, planos, imagen, ficha de datos. Repetir el orden hace que el lector encuentre lo que busca sin pensar.
Formación, programas que dominas, idiomas y tu correo. Corto y en una sola página.
En arquitectura casi todo se hace en equipo, y eso es normal. Lo que no es normal es enseñar un proyecto de estudio sin decir de qué estudio es ni qué parte hiciste tú. Quien revisa portfolios lo detecta enseguida, y cuando lo detecta deja de fiarse del resto.
La fórmula que funciona es corta y va debajo de cada proyecto: estudio, año, fase y tu papel. «Estudio X, 2025, proyecto básico. Desarrollo de planta y secciones, maqueta de trabajo.» No hace falta más, y con eso queda claro qué estás enseñando y qué no te estás atribuyendo.
Y una cautela práctica: los concursos no fallados, los proyectos bajo acuerdo de confidencialidad y el trabajo que el estudio aún no ha publicado no deberían salir sin permiso. Es cuestión de criterio profesional antes que de nada más, y preguntarlo cuesta un correo.
Todo lo anterior se puede hacer por cuenta propia. Si prefieres dedicar ese tiempo a dibujar, esto es lo que ofrecemos: tú eliges los proyectos, mandas los planos y escribes las fichas, y nosotros montamos, publicamos y mantenemos la página.
Para arquitectos y estudiantes de arquitectura que quieren su portfolio en su propio dominio, con los planos bien presentados y sin ocuparse del mantenimiento.
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