Qué proyectos enseñar, en qué orden y cómo contar cada uno para que quien lo abra entienda tu trabajo en menos de un minuto. Primero la guía; al final, si no quieres montarlo tú, te lo hacemos nosotros.
Entre seis y ocho proyectos, no treinta. Cada uno con el encargo que había detrás, lo que hiciste tú, dos o tres piezas finales bien fotografiadas o mockeadas, y una frase de cierre. Nada más. Un portfolio corto y elegido se lee entero; uno largo se abandona en el tercer scroll.
Y una web propia, no un PDF de cuarenta megas por email. Una dirección con tu nombre se comparte en un renglón, se abre desde el móvil, se puede actualizar el día que termines un encargo y no depende de que nadie te acepte en una plataforma. Debajo tienes el detalle de cada decisión.
Un director de arte, un cliente o el responsable de un estudio abren muchos portfolios seguidos. Estas son las seis cosas que buscan, en este orden.
Lo primero que se juzga es qué has decidido enseñar. Seis trabajos buenos dicen más de ti que veinte irregulares, porque el descarte también es diseño.
Una marca bonita sin contexto no se puede valorar. Una línea explicando qué pedía el cliente y qué restricción tenías convierte la pieza en una decisión.
En trabajos de equipo o de estudio, di tu papel sin adornos: identidad, maquetación, ilustración, dirección de arte. Se agradece y evita malentendidos.
La retícula del propio portfolio, la jerarquía tipográfica y el espacio en blanco se leen como una muestra más. Si la página está mal compuesta, el resto pesa menos.
Muchos portfolios se abren desde el teléfono, en un rato muerto. Si las imágenes tardan o el texto se sale de la pantalla, no hay segunda oportunidad.
Correo visible, sin formularios raros y sin buscar. Suena obvio y es el fallo más repetido: portfolios excelentes de los que no se sabe salir para contactar.
La regla práctica: si un trabajo no te gustaría repetir, no lo pongas. El portfolio no describe lo que has hecho, sino lo que quieres que te encarguen.
El primer proyecto decide si hay segundo. No lo guardes para el final: ahí no llega casi nadie.
Identidad, editorial, packaging, digital. Quien busca un tipo concreto lo encuentra sin tener que recorrerlo todo.
Cada proyecto con su propia dirección. Así puedes enviar solo el que interesa a cada cliente en lugar del portfolio entero.
Tres bloques por caso, siempre iguales. Dos frases de contexto, un par de imágenes de proceso y las piezas finales.
Una página de quién eres, con qué trabajas y tu correo. Corta, en primera persona y sin currículum enlatado.
Todo lo de arriba se puede hacer solo, con tiempo y paciencia. Si prefieres dedicar ese tiempo a diseñar, esto es lo que ofrecemos: tú eliges los trabajos y escribes tus textos, y nosotros montamos, publicamos y mantenemos la página.
Para diseñadores que quieren su portfolio en su propio dominio, sin pelearse con el montaje ni con el mantenimiento.
Sin chatbot ni funciones de negocio: el Plan Personal es exactamente eso, una página personal bien hecha y mantenida. Pedirla no obliga a contratar nada y las condiciones completas están publicadas en /condiciones.
Cuéntanos qué trabajos quieres enseñar y te preparamos una primera versión sin coste ni compromiso.
Escríbenos con dos o tres trabajos que quieras poner delante y te devolvemos una primera versión de tu portfolio en menos de 24 horas. Sin compromiso y con las condiciones por delante.