Siete pasos, la estructura de un buen caso, ejemplos de cómo se organiza según el oficio y los errores que más lo estropean. Guía completa y gratuita: si al final prefieres que te lo montemos, también se puede.
Se hace en este orden: decide a quién le hablas, elige entre seis y ocho trabajos, reúne el material de cada uno, escribe cada proyecto en tres bloques (contexto, proceso y resultado), móntalo en una estructura sencilla, ponle un dominio con tu nombre y publícalo. Después, revísalo cada pocos meses.
Lo que separa un portfolio que funciona de uno que no rara vez es el diseño: es la selección y el relato. Un trabajo mediano bien explicado convence más que uno excelente sin contexto, porque lo que se está juzgando no es la pieza, es cómo piensas. Todo lo que sigue desarrolla eso.
Hazlos en orden. Saltarse el primero es la razón por la que muchos portfolios se quedan a medias: sin saber a quién le hablas, no hay forma de decidir qué sobra.
Un estudio, un cliente directo, un tribunal académico o alguien que te contrata por horas esperan cosas distintas. Escribe en un papel a quién quieres convencer: el resto de decisiones salen de ahí.
Los que quieres repetir, no los que más te costaron. Si dudas de uno, fuera. Un portfolio corto se lee entero y eso ya es media victoria.
Por cada proyecto: dos o tres imágenes finales en buena calidad, alguna de proceso y los datos básicos (cliente, año, tu papel). Comprime las imágenes antes de subirlas.
Contexto, proceso y resultado. Tres párrafos cortos. Si no sabes qué poner en «resultado», di simplemente qué se entregó y dónde se usó.
Portada con tres o cuatro proyectos destacados, una página por caso, una página «sobre mí» y el contacto. No hace falta más.
Un dominio con tu nombre, un título de página que diga quién eres y a qué te dedicas, y una descripción de dos líneas. Es lo que se ve en Google.
Publicado imperfecto vale más que perfecto sin publicar. Ponte un recordatorio cada tres meses para meter lo nuevo y quitar lo que ya no te representa.
No hay un portfolio universal. Estas son seis estructuras que funcionan, con lo que cambia en cada oficio. Elige la tuya como punto de partida y adáptala.
Seis u ocho casos agrupados por tipo de encargo (identidad, editorial, packaging). Cada uno con el briefing en una línea y las piezas finales grandes. Guía específica aquí.
Series, no fotos sueltas. Entre cuatro y seis series con un título y una frase, en el orden en que quieres que se vean. La navegación tiene que desaparecer y dejar mandar a la imagen.
Proyecto a proyecto, con planta, sección y una imagen que explique la idea. Siempre con escala, ubicación, año y tu papel en el equipo. Guía específica aquí.
Una portada muy visual con lo mejor y luego bloques por registro o por técnica. Deja claro qué es encargo y qué es trabajo personal: se valoran distinto.
Menos imágenes y más problema resuelto: qué había que hacer, con qué lo hiciste y qué mejoró. Enlaza al proyecto en funcionamiento siempre que puedas.
Una selección corta de piezas publicadas, cada una con el medio, la fecha y dos líneas sobre el encargo. Si algo no es público, resúmelo sin enlazarlo.
Ocho elementos. Con estos ocho, cualquier proyecto queda contado; sin ellos, la imagen más bonita se queda en decoración.
La guía de arriba es todo lo que necesitas para hacerlo por tu cuenta, y está pensada para eso. Pero si el problema es el tiempo y no las ganas, esta es la alternativa: tú eliges y escribes, nosotros montamos, publicamos y mantenemos.
Para quien tiene los trabajos elegidos y los textos escritos, pero no quiere pelearse con el montaje, el dominio ni el mantenimiento.
Sin chatbot ni funciones de negocio: el Plan Personal es exactamente eso, una página personal bien hecha y mantenida. Pedirla no obliga a contratar nada y las condiciones completas están publicadas en /condiciones.
Si ya sabes qué quieres enseñar pero no quieres pelearte con el montaje, cuéntanoslo y te preparamos una primera versión sin coste.
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